miércoles, 30 de junio de 2010
viernes, 11 de junio de 2010
Porque esto es África...
Había escuchado tararear hace un par de semanas una canción que contenía la frase “porque esto es África”, pero no la relacioné con nada, no tenía ni idea de que fuera el “himno” del Mundial de fúrgol fútbol. Últimamente veo poco la tele y aunque leo los periódicos digitales, hay secciones que me salto, una de ellas (para bien o para mal) es la de deportes. Así que ayer escuché por vez primera la canción entera de Shakira, que he de admitir que me pone de muy mal humor (la canción, no ella, bueno a veces ella también pero no es personal, es más bien político, en concreto por la familia de su marido, jeje). ¡Ah! Pero en contraposición, lo que sí me gustó es el anuncio del Mundial en la cadena Cuatro, con la imagen del chico enfrentado al tigre ¿o era un león?
El temazo hipercomercial se titula Waka-waka, ¡somos unos puñeteros desgraciados blancos, pobres en vocabulario en general! Como el programa aquel sobre animales que presentaba Consuelo Berlanga, Waku- waku. Hay algo en esto que me disgusta y me altera, no puedo evitar tenerle desde ya manía a la canción. Anda que no hay palabras en los mil dialectos africanos (al menos once son las lenguas de Sudáfrica), para elegir algo tan simplista dirigido especialmente a los occidentales, claro, que Waka waka no debería representar mayor problema de pronunciación ni de bamboleos de caderas cuando se trate de bailarla. Y anda que no se había podido elegir a algún músico africano, internacional, que represente “un himno” para el Mundial. Porque aparte de fútbol, así aprenderíamos más cultura africana, que nos viene a todos muy bien más conocimientos sobre lo ajeno, que nuestro etnocentrismo es nauseabundo.
Para eso es la primera vez que se celebra un mundial de fútbol en un país africano. Y es que Sudáfrica, aparte de sede del Mundial, es muchas cosas más, también uno de los países con mayor tasa de infecciones de VIH, con casi 6 millones de personas que viven con el virus y un país donde reinan grades desigualdades, pero esto no es ninguna primicia entre los países capitalistas.
Para eso es la primera vez que se celebra un mundial de fútbol en un país africano. Y es que Sudáfrica, aparte de sede del Mundial, es muchas cosas más, también uno de los países con mayor tasa de infecciones de VIH, con casi 6 millones de personas que viven con el virus y un país donde reinan grades desigualdades, pero esto no es ninguna primicia entre los países capitalistas.
Qué le voy a hacer, no me gusta el fútbol y, aunque soy roja, no me importa mucho el destino de “la roja”. Si pierden en cuartos de final no lloraré ni me sentiré triste y, si son campeones, pues mira, eso que se llevan, ¿no? No les deseo ningún mal.
También pienso que eso no quita que un fenómeno deportivo como este lleve algo de alegría y que permita abandonar los problemas durante un par de horas, no podría condenar eso, pero hay algo que me continúa rechinando. Escuché en la radio hace unos días que no sé cuántos mil españoles estaban dispuestos a dar dinero a cambio de que España gane el Mundial, flipé, con la que está cayendo... Pero sin embargo permanecen autómatas, sin brindar solidaridad a un montón de motivos mucho más habituales e injustos. Porque al final, el funcionariado no es quien peor está en cuanto a condiciones de trabajo ni mucho menos, sino la empresa privada, que saben que son los reyes del mambo y que la clase obrera está muerta de miedo y pasará por el aro casi a cualquier precio. Nosotros, los obreros, los trabajadores, sí que no jugamos en el mismo equipo.
Os invito a leer un artículo que me ha gustado especialmente “Espejos de Sudáfrica”. Porque esto sí que es África...
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actualidad,
Opinión
miércoles, 9 de junio de 2010
Aclaración sobre la participación del Ayuntamiento de Tel Aviv en el Orgullo de Madrid
Después de los últimos acontecimientos acaecidos respecto a la participación de la carroza de Tel Aviv queremos dar una explicación clara sobre esta decisión difícil que hemos tomado y que entendemos que puede ser complicada de entender, sobre todo viendo como muchos medios de comunicación no han recogido correctamente la postura de nuestras organizaciones COGAM y FELGTB.
Recibimos una solicitud a través de la Embajada de Israel para la participación de organizaciones LGTB representando al Ayuntamiento de Tel Aviv. Desde la organización del Orgullo recibimos de buena gana esta solicitud que consistía además en promocionar la diversidad LGTB de Tel Aviv, y pedimos que hubiese también representación palestina para mostrar la diversidad con todas sus creencias. Durante las reuniones que mantuvimos posteriormente vimos que la carroza iba a promocionar el turismo en Tel Aviv.
La semana pasada la Flotilla de la Libertad, compuesta por activistas defensores de los Derechos Humanos de todo el mundo y con tres españoles a bordo fue atacada por el Ejército de Israel en aguas internacionales y con el resultado oficial de nueve muertos. La noticia conmocionó a la opinión pública internacional y por supuesto a nosotros y nosotras también, Había sido atacada una delegación de activistas de los Derechos Humanos como lo somos nosotras y nosotros.
Esperamos una reacción del Ayuntamiento de Tel Aviv y ante la ausencia de ésta este lunes decidimos indicarles que su carroza no era bienvenida. Una institución israelí que no ha condenado de manera expresa el ataque del Ejército de Israel de activistas de Derechos Humanos no nos parece que tenga cabida en la Manifestación del Orgullo.
Activismo por los Derechos Humanos es también lo que hacemos en la Manifestación del Orgullo.
El siguiente paso era ponernos en contacto con las organizaciones LGTB de Israel para explicarles nuestras razones e invitarlas de manera independiente. Sin embargo al día siguiente amanecimos con que la información distorsionada había sido filtrada a los medios de comunicación y hemos tenido que contestar a las difamaciones que nos han hecho. La organización del Orgullo no está impidiendo la participación de las personas ni organizaciones LGTB de ninguna nacionalidad ni procedencia en la manifestación sí de la carroza del Ayuntamiento de Tel Aviv.
Actualmente estamos en comunicación directa con entidades LGTB de Tel Aviv para mostrarles nuestra postura y establecer con ellas líneas de trabajo en pro de los Derechos Humanos de todas y todos.
Antonio Poveda, Presidente de la FELGTB y Miguel Ángel González, Presidente de COGAM
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Tejido asociativo
martes, 8 de junio de 2010
El regreso del ángel de la guarda
Le volvió a ver hace días por el centro de la ciudad. Aún más demacrado, con la voz más deteriorada y grave, que parecía salir de las profundidades de la tierra en vez de las cuerdas vocales de un hombre. Pasó, sin más.
Pero esta tarde, de nuevo, se toparon en el metro. Él no la recuerda, es como si se hubieran conocido en otra vida hace miles de años pero de vez en cuando, la ciudad cruza sus caminos. La casualidad la llevó a ubicarse a su lado, sin llamar su atención ni echarle una ojeada hasta que escuchó a alguien a su lado cantar, casi a voz en grito, desastrosamente entonado y mal pronunciado.
Un señor trajeado invitó al ángel a callar.
-¡No está prohibido cantar en el metro!-
A pesar de la rebelde contestación, se amodorró, no les regaló más canturreos a los viajeros, decidió levantarse del asiento y permanecer de pie con los ojos entrecerrados mientras se tambaleaba hacia los lados. Ella le miraba de soslayo hundida entre las páginas de un libro, reconoció a su ángel de la guarda. ¿Dónde dormiría esa noche? ¿Se dirigía a su mismo barrio? ¿Qué habrá comido hoy? ¿Qué se metería ahora? Parecía más despejado que cuando le daba a la heroína.
La gente le mira con miedo despectivo. Y es que el ángel tiene un aspecto agresivo, unas facciones muy marcadas y una voz de película de miedo, sucio y andrajoso. Pero ella no podía temerlo, porque sabía que una vez, antes de convertirse definitivamente en un ser de ultratumba, fue humano, un humano tierno y generoso, de buen fondo. Eso los demás no lo saben, le ven y desconfían.
Su ángel de la guarda no sabe cómo relacionarse con los demás, le recuerda a ese ser de El Señor de los Anillos, que un día había sido un hobbit y por la influencia del Señor Oscuro se había convertido en un especímen difícil de definir, condenado a vagar en las tinieblas, deforme y solo. El ángel de la guarda hablaba con la gente del metro, que le miraba raro. Se acercó a un chico que entró en el vagón en la siguiente parada que desvió su mirada contrariado, con recelo. Y como no recibió grandes respuestas a sus comentarios quiso ser más incisivo y "bromeó" con otra señora:
-¡Tú me molestas! Si vas con los ojos cerrados no sabes a qué parada vas...-
La señora se defendió con una grosería ante la observación del ángel dirigiéndole una mirada despreciativa y estigmatizante ante la que él reaccionó, a su manera:
-¡Me meo en tu boca!-
Y salió corriendo del vagón mientras el tren esperaba en la estación la entrada de nuevos viajeros. Y no contento con eso, dio media vuelta en el andén para regresar a la puerta y le dijo a la señora antes de que el vagón cerrara sus puertas:
-No, aún mejor ¡me cago en tu boca!
Ella, testigo de la situación tensa, le echó de frente al que era su ángel de la guarda una mirada censuradora, como aquella que le dice a los niños "eso no se hace". El ángel se marchó corriendo y desapareció confundido entre el gentío del andén.
Después, en el vagón, los demás comentaron en su usencia lo mucho que habían deseado haberle dado un bofetón, lo soez de su comportamiento con la señora, que permanecía en su asiento indignada y lo muy valientes que se mostraban las personas de su alrededor, que no habían abierto la boca ante los improperios del ángel de la guarda. Ya, qué valerosos son todos después del paso del toro, pero qué resguardados permanecieron tras las vallas ante su paso. Si supieran lo inofensivo que era, que a ella se le antojó como un chiquillo de quince años que se insubordinaba ante las miradas inquisidoras por su aspecto y su enfermedad. Porque del ángel de la guarda nadie se acuerda cuando se pasea hacia ninguna parte con la única compañía de un simple cartón de vino.
Pobre ángel, ahora unas señoras sólo se acuerdan de él por su desfachatez en el metro. Pero para ella sigue siendo su ángel, a pesar de todo, y le perdona.
Pero esta tarde, de nuevo, se toparon en el metro. Él no la recuerda, es como si se hubieran conocido en otra vida hace miles de años pero de vez en cuando, la ciudad cruza sus caminos. La casualidad la llevó a ubicarse a su lado, sin llamar su atención ni echarle una ojeada hasta que escuchó a alguien a su lado cantar, casi a voz en grito, desastrosamente entonado y mal pronunciado.
Un señor trajeado invitó al ángel a callar.
-¡No está prohibido cantar en el metro!-
A pesar de la rebelde contestación, se amodorró, no les regaló más canturreos a los viajeros, decidió levantarse del asiento y permanecer de pie con los ojos entrecerrados mientras se tambaleaba hacia los lados. Ella le miraba de soslayo hundida entre las páginas de un libro, reconoció a su ángel de la guarda. ¿Dónde dormiría esa noche? ¿Se dirigía a su mismo barrio? ¿Qué habrá comido hoy? ¿Qué se metería ahora? Parecía más despejado que cuando le daba a la heroína.
La gente le mira con miedo despectivo. Y es que el ángel tiene un aspecto agresivo, unas facciones muy marcadas y una voz de película de miedo, sucio y andrajoso. Pero ella no podía temerlo, porque sabía que una vez, antes de convertirse definitivamente en un ser de ultratumba, fue humano, un humano tierno y generoso, de buen fondo. Eso los demás no lo saben, le ven y desconfían.
Su ángel de la guarda no sabe cómo relacionarse con los demás, le recuerda a ese ser de El Señor de los Anillos, que un día había sido un hobbit y por la influencia del Señor Oscuro se había convertido en un especímen difícil de definir, condenado a vagar en las tinieblas, deforme y solo. El ángel de la guarda hablaba con la gente del metro, que le miraba raro. Se acercó a un chico que entró en el vagón en la siguiente parada que desvió su mirada contrariado, con recelo. Y como no recibió grandes respuestas a sus comentarios quiso ser más incisivo y "bromeó" con otra señora:
-¡Tú me molestas! Si vas con los ojos cerrados no sabes a qué parada vas...-
La señora se defendió con una grosería ante la observación del ángel dirigiéndole una mirada despreciativa y estigmatizante ante la que él reaccionó, a su manera:
-¡Me meo en tu boca!-
Y salió corriendo del vagón mientras el tren esperaba en la estación la entrada de nuevos viajeros. Y no contento con eso, dio media vuelta en el andén para regresar a la puerta y le dijo a la señora antes de que el vagón cerrara sus puertas:
-No, aún mejor ¡me cago en tu boca!
Ella, testigo de la situación tensa, le echó de frente al que era su ángel de la guarda una mirada censuradora, como aquella que le dice a los niños "eso no se hace". El ángel se marchó corriendo y desapareció confundido entre el gentío del andén.
Después, en el vagón, los demás comentaron en su usencia lo mucho que habían deseado haberle dado un bofetón, lo soez de su comportamiento con la señora, que permanecía en su asiento indignada y lo muy valientes que se mostraban las personas de su alrededor, que no habían abierto la boca ante los improperios del ángel de la guarda. Ya, qué valerosos son todos después del paso del toro, pero qué resguardados permanecieron tras las vallas ante su paso. Si supieran lo inofensivo que era, que a ella se le antojó como un chiquillo de quince años que se insubordinaba ante las miradas inquisidoras por su aspecto y su enfermedad. Porque del ángel de la guarda nadie se acuerda cuando se pasea hacia ninguna parte con la única compañía de un simple cartón de vino.
Pobre ángel, ahora unas señoras sólo se acuerdan de él por su desfachatez en el metro. Pero para ella sigue siendo su ángel, a pesar de todo, y le perdona.
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